LA VIDA VISTA DESDE LOS ORDENES DEL AMOR

Dicen que cuando hablo de las Constelaciones Familiares me brillan los ojos, me lleno de una pasión que contagia y que "se nota" que me gusta lo que hago. Creo que es cierto, porque realmente siento el fuego encenderse en mi interior, y es que ellas me mostraron el camino para SER quien vine a ser.


Hoy sólo puedo agradecer, primero a mi mamá que fue quien en el 2006 metió el bichito en mi interior. Como buena hija que soy y aún sin comprender de qué se trataba me dispuse en la tarea de contactar con los consteladores que ella sabía llegarían a vivir a Quito dentro de poco.

Sucedió conmigo lo que pasa con todos quienes escuchan este término por primera vez... me remití a las estrellas; y aunque a primera vista no tuviese que ver con ellas, en lo profundo sí.


En segundo lugar, agradezco a mi guía interior quien sintió que era algo importante aquello de lo que mi madre hablaba; la verdad es que en silencio, yo seguía los pasos de ella en sus investigaciones y peregrinaciones personales por encontrar sus respuestas a los conflictos familiares que se presentaban, y tomaba sus libros, los ojeaba y de vez en cuando, leía uno que otro. Estuve expuesta a mucha información sobre nuestra realidad más allá del cuerpo físico desde siempre.


Pasaron 7 meses desde esa llamada hasta que por fin el Universo configuró todo para que pudiera experimentar de primera mano esta maravillosa herramienta de sanación.


Fue en el 2007, no comprendí mucho pero mientras sucedía la constelación, algo iba transformándose en mi interior. Esa sensación siguió por mucho tiempo; un año y medio para ser exacta. A finalizar mi trabajo, que fue bastante largo por cierto, hice lo que el constelador me sugirió y recuerdo hasta hoy que simplemente confié, permití y fluí con la decisió que había tomado esa fría noche. Para mí, lo que sucedió ese domingo marcó un antes y un después. Volví a la vida... literalmente.

Claro que hice mi parte al salir de allí, esa noche dormí muy bien, luego de haber llorado profunda y sentidamente y no desde el victimismo, dormí como hacía mucho quizás no lo hacía y de alguna manera intuitiva, sabía que debía hacerme cargo de lo que iba sucediendo en mi interior, que debía ir empoderándome de lo que se mostró, ordenó, incluyó y liberó; sabía que debía simplemente hacerlo mío. Los resultados se iban sintiendo y viendo, en el trato con mi ser esencial, en las interacciones con los demás y con las situaciones pasadas.


Recuerdo que pasado el año y medio pensé: Me encantaría estudiar algo así, pero seguramente se debe necesitar tener muchos estudios previos para acceder a la formación. Para mi sorpresa, investigué mucho hasta, cuando fue el momento perfecto, me llegó el brochure de la formación aquí en Quito. En enero del 2010, con total entrega comencé a formarme en lo que jamás pensé que se convertiría en mi camino de vida actual en lo profesional y personal.


¿Bert Hellinger? para mi un maestro del amor, de ese amor que todo lo abarca y del que todo emana. Un hombre que se permitió observar más allá de lo que vemos con nuestros ojos y comprender en lo profundo lo simple de la vida para que todo funcione y fluya. Simple, mas no sencillo, sobre todo para nuestras mentes divididas, llenas de juicios y razones para sostenernos en los lugares más incómodos que podamos imaginar, en ese lugar donde preferimos tener la razón, aunque perdamos la relación.


Si bien es cierto, que las Constelaciones Familiares como herramienta permiten un trabajo de diagnóstico, solución y sanación, lo que hace posible que eso suceda son precisamente estas comprensiones que son la mayor contribución que trajo Bert Hellinger a la humanidad. Dejar que el campo muestre por sí mismo lo que se necesita sin manipularlo, y enseñar a los facilitadores a permitir que eso suceda desde nuestro centro vacío, un lugar interno, una actitud donde no tenemos intención más que la de permitir. Estar en espanto de permisión, corazón abierto.


Desde las Constelaciones Familiares y Los Órdenes del Amor, como llamó nuestro Maestro a éstas comprensiones, mi experiencia de vida sufrió una expansión. Cuando tenía 19 años supe que uno de los propósitos de mi vida tenía que ver con el amor incondicional, la comprensión del mismo y el vivir en coherencia con él. Esta expansión de la que hablo la sentí cuando, a través de la información que recibí de los Órdenes del Amor, comprendí lo que era el amor incondicional y los caminos para que viva en y a través de mí. ¿Cómo? abriendo mi corazón casi literalmente, a mi vida, mis decisiones, culpas, aciertos y desaciertos; también a lo anterior, a los que hicieron posible que esté aquí, hoy sentada escribiendo estas líneas. A los que hicieron daño a alguien de mi sistema y a mí, a los que murieron o no llegaron a nacer, a los que ni siquiera tenía idea que también pertenecían a mi sistema! ¿Cómo no crecer y expandirse con tanto que incluir en mi ser?


El trabajo interno continúa, y la Filosofía de Vida que las sostiene son como la medicina natural de la que me nutro cada día para cumplir con mi propósito de vida a través mi Ser y mi hacer en este hermoso trabajo.


Si tienes la posibilidad de conocer los ordenes del amor y exponerte a las Constelaciones, no lo dudes, que no te lo cuenten, que no te lo expliquen. Sólo experimentándolas podrías realmente conocerlas.